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¡Prometiste que Cambiarías!

¡Prometiste que Cambiarías!


¡Prometiste que Cambiarías!    Las expectativas de que nuestra pareja cambie pueden ser perjudiciales para la relación.    Las relaciones humanas son complejas, implican lidiar con ideas, emociones, gustos y formas de vida.

Las expectativas de que nuestra pareja cambie pueden ser perjudiciales para la relación.

Las relaciones humanas son complejas, implican lidiar con ideas, emociones, gustos y formas de vida. Ser tolerantes, ser pacientes y entender que cada quien es diferente. Podemos tener perspectivas y prioridades distintas, pero no por eso dejamos de ser amigos, parientes o pareja. El problema es que en ocasiones, no entendemos nada de esto. Tenemos ideas de cómo nos gustaría que fueran las personas y si no son lo que pensamos, creemos que deberían cambiar. Pero no lo hacen y eso nos fustra.

Si hay una persona con la que probablemente se tengan más expectativas respecto a cómo debe ser, es con nuestra pareja. La magia del enamoramiento pasa y comenzamos a notar sus defectosTenemos dos opciones: aceptar que no es perfecto y quererlo como es, o intentar cambiarlo. Con la segunda opción, ocurre que si no cambia, terminaremos frustradas, mientras que si lo hace, tal vez sea él o ella quien termine con fustración y resentimientos.

Las expectativas son algo que se debe manejar con cuidado, especialmente con respecto a otras personas. A menudo, lo más conveniente es no esperar demasiado de los demás, pues si no cumplen nuestras expectativas, podemos terminar decepcionados y enojados. Es más saludable para cualquier relación aceptar que las personas son como son y no está en nuestras manos cambiarlas.

Un estudio publicado en el Journal of Experimental Social Psychology, llegó a la conclusión de que una mayor expectativa en el cambio puede, a la larga, ser negativa para la relación.El estudio llevado a cabo por Lara Kammrath y Johanna Peetz siguió durante dos semanas a varias parejas. Se determinó en cada pareja quien de los dos debería hacer el cambio y entre ambos decidieron qué era necesario cambiar, así como la estrategia que se llevaría a cabo para lograrlo.

El estudio señaló dos tipos de actitudes que los participantes tenían hacia el cambio. Estaban aquellos que tenían una fuerte creencia en la posibilidad de que su pareja cambiaría, y aquellos que pensaban que el cambio no sería fácil; que si bien es posible cambiar, hacerlo no resulta tan sencillo. No hubo diferencias en cuanto a la dispocisión al cambio de las parejas, pero sí en cuanto a la reacción ante el fracaso. Mientras que aquellos más optimistas se sintieron decepcionados y pensaron que sus parejas no se habían esforzado lo suficiente, aquellos que veían el cambio como algo difícil, atribuyeron el fallo precisamente a la dificultad y no a su pareja, no los juzgaron duramente como hicieron otros.

Las parejas que estaban más convencidas de que su compañero lograría el cambio, se sintieron decepcionadas y perdieron también parte de la confianza en sus parejas.

En conclusión, tener unas expectativas más limitadas sobre el cambio que puede experimentar nuestra pareja, es conveniente para la salud de nuestra relación.



Por supuesto, esto no quiere decir que si no estás a gusto con tu relación te conformes y te quedes ahí, no. Sino que simplemente seas capaz de darte cuenta que esa persona no va a cambiar porque tú quieres. Debes hacer un balance y decidir si esas cosas que te molestan, son cosas que podrías pasar por alto o si en verdad se trata de aspectos que te están perjudicando a ti y a la relación. Si lo que la otra persona no quiere cambiar es algo que te hace daño, algo que en verdad sería necesario cambiar. Tal vez lo más conveniente sería ponerle fin a la relación.

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